
La sostenibilidad dejó de ser un tema reputacional para convertirse en un factor estructural del negocio.
Hay momentos en los que liderar una empresa se parece más a pilotear un avión en medio de una tormenta que a seguir una ruta despejada. El destino está definido, la tecnología existe y la tripulación está preparada, pero las condiciones externas, la visibilidad, el clima, la coordinación del tráfico, hacen la diferencia entre un aterrizaje exitoso y uno caótico.
Así está hoy la transición hacia la sostenibilidad: sabemos hacia dónde vamos, pero aún no tenemos todas las condiciones alineadas para llegar de la mejor manera.
El Business Breakthrough Barometer 2026, de nuestra casa matriz el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), en cuya construcción participamos desde CECODES, pone cifras a esta realidad. Nos habla de un empresariado convencido, decidido, pero también preocupado por los riesgos de avanzar sin suficiente coordinación.
Y ese contraste es, precisamente, el punto de partida del desafío. Un desafío que define la competitividad.
Las empresas hoy enfrentan una presión sin precedentes. Por un lado, los impactos del cambio climático son cada vez más evidentes: eventos extremos, interrupciones en cadenas de suministro y volatilidad en costos energéticos. Por otro, las reglas del juego cambian rápidamente, influenciadas por tensiones geopolíticas y marcos regulatorios aún en construcción.
En este contexto, la sostenibilidad dejó de ser un tema reputacional para convertirse en un factor estructural del negocio. No es un “extra”; es parte del núcleo estratégico.
